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Guía

Aerotermia o caldera de gas: comparativa honesta

La aerotermia ahorra en el uso pero cuesta cara de poner, y no siempre es la mejor opción: depende de tu casa, de tus radiadores y de tu zona. Esta comparativa va sin humo: te explicamos el porqué físico del ahorro, cuándo compensa de verdad y qué comprobar antes de firmar un presupuesto de varios miles de euros.

Actualizada el 3 de agosto de 2026. La escribimos y la revisamos nosotros; si ves algo mal, dínoslo.

La respuesta rápida

La aerotermia suele salir más barata de usar que una caldera de gas o de gasóleo, porque no quema nada: mueve calor de un sitio a otro y por eso entrega mucho más calor del que consume en electricidad. A cambio, la inversión inicial es alta, de varios miles de euros, muy por encima de lo que cuesta una caldera. Dicho de forma simple: ahorras cada mes, pero primero hay que soltar la inversión.

Por eso la respuesta honesta a «¿aerotermia o caldera?» no es un sí o un no universal, sino «depende de tu casa». Compensa claramente si tu vivienda está bien aislada y vas a usar emisores de baja temperatura (suelo radiante, sobre todo), y compensa menos si vas a mantener radiadores pequeños de alta temperatura en una casa mal aislada. En las secciones siguientes está el porqué de cada caso, para que decidas con criterio y no por lo que le funcionó al cuñado.

Qué es la aerotermia (y por qué ahorra)

La aerotermia es una bomba de calor que aprovecha la energía que hay en el aire exterior para climatizar la casa y calentar el agua. La misma máquina hace tres cosas: calienta en invierno (por suelo radiante, radiadores o fancoils), enfría en verano y produce agua caliente sanitaria todo el año. Es, en el fondo, la misma tecnología que el aire acondicionado de tu salón, pero pensada para dar calefacción y agua caliente a toda la vivienda.

La clave de por qué ahorra está en una idea física sencilla: la aerotermia no fabrica calor, lo transporta. Una caldera quema gas o gasóleo para generar calor, y por muy buena que sea —una de condensación aprovecha casi toda la energía del combustible— nunca puede dar más calor que la energía que hay en lo que quema. Su techo es, digamos, uno a uno: de un kWh de gas sale, como mucho, un kWh de calor.

La bomba de calor juega en otra liga porque no quema: usa un poco de electricidad para mover una cantidad mucho mayor de calor desde el aire de la calle hasta el agua de tu instalación. Por eso, por cada kWh de electricidad que consume, entrega del orden de 3 o 4 kWh de calor. Ese multiplicador es lo que llamamos rendimiento estacional, y es la razón de que la factura de calefacción y agua caliente baje de forma notable frente al gas. No es marketing: es que estás pagando electricidad para «bombear» calor, no para crearlo.

Un matiz importante y honesto: ese 3 o 4 no es fijo. Sube cuando la máquina trabaja en condiciones cómodas (día no demasiado frío, agua a baja temperatura) y baja cuando le exiges agua muy caliente o hace mucho frío fuera. De ahí que el ahorro real dependa tanto de cómo esté montada la instalación, y de que desconfíes de cualquiera que te prometa un porcentaje de ahorro cerrado sin haber visto tu casa. El principio es sólido; la cifra exacta, la marca tu instalación y tu clima.

Aerotermia frente a caldera, sin adornos

Puestas una al lado de la otra, cada una gana en cosas distintas. Esta es la comparación honesta, sin vender ninguna de las dos:

Dónde gana la aerotermia

  • Coste de uso. Al mover calor en vez de quemarlo, gasta menos energía para el mismo calor. En calefacción y agua caliente, es su gran ventaja.
  • Tres servicios en una máquina. Calefacción, aire acondicionado y agua caliente. Una caldera solo calienta; para el frío necesitarías, además, aire acondicionado aparte.
  • Sin combustión en casa. No hay quemador, ni humos, ni riesgo de fuga de gas, ni revisiones de la instalación de gas. Se alimenta de electricidad, así que casa de forma natural con placas solares.
  • Encaja con la dirección normativa. La eficiencia y la electrificación son hacia donde va la edificación; una bomba de calor es una apuesta con menos riesgo de quedarse «anticuada» que un combustible fósil.

Dónde gana la caldera

  • Inversión inicial. Una caldera de condensación es mucho más barata de instalar que un equipo de aerotermia. Si el presupuesto manda y la caldera actual acaba de morir, es un factor de peso.
  • Agua muy caliente sin penalización. Para radiadores clásicos que piden agua a alta temperatura, la caldera lo da sin despeinarse; la aerotermia, forzada a esa temperatura, pierde rendimiento.
  • Menos exigente con la casa. Funciona razonablemente incluso en viviendas mal aisladas y con emisores existentes, sin obligarte a repensar la instalación.

Resumiendo la comparación: la aerotermia es una inversión de vivienda que se recupera con el ahorro de uso a lo largo de los años y te resuelve además el frío del verano; la caldera es la solución barata de entrada que sigue teniendo sentido en escenarios concretos. Cuál te conviene depende de las dos secciones siguientes.

Cuándo compensa y cuándo no

Aquí está el meollo, y donde más gente se equivoca por copiar la decisión de otro. Tres factores deciden si la aerotermia va a rendir en tu casa o va a decepcionarte: los emisores, el aislamiento y la zona climática.

Los emisores: suelo radiante ideal, radiadores «depende»

Es el factor número uno. La aerotermia da su mejor rendimiento cuando reparte el calor con agua a baja temperatura, y ahí el suelo radiante es su pareja perfecta: cubre mucha superficie, así que calienta la casa con agua templada, justo donde la bomba de calor es más eficiente. Si estás de reforma integral o de obra nueva y vas a poner suelo radiante, la aerotermia es casi siempre la respuesta.

Con radiadores existentes la cosa es «depende», y hay que comprobarlo. Los radiadores clásicos están calculados para agua muy caliente; si son justos de tamaño para la estancia, alimentados con agua templada no darán bastante calor los días fríos. La solución pasa por que estén sobredimensionados o por cambiar algunos por modelos más grandes o de baja temperatura. A veces salen los números y a veces no: por eso un buen estudio empieza mirando los emisores que ya tienes, no el catálogo de máquinas.

El aislamiento de la vivienda

Cuanto mejor aislada esté la casa, menos calor pierde y menos tiene que producir la máquina, así que la aerotermia luce todo su rendimiento. En una vivienda con buena envolvente, ventanas decentes y poca fuga de calor, la bomba de calor trabaja cómoda y eficiente. En una casa con muros finos y ventanas viejas, cualquier sistema gasta más, y la aerotermia se ve obligada a trabajar en condiciones menos favorables. No es que no funcione mal aislada; es que rinde menos de lo que podría, y a veces conviene meter parte del presupuesto en el aislamiento antes que en la máquina.

La zona climática

En invierno muy frío la bomba de calor pierde algo de rendimiento los días de temperaturas más bajas, porque le cuesta más extraer calor de un aire helado. Eso no la descarta —se dimensiona contando con ello, a veces con un pequeño apoyo para los picos—, pero sí explica por qué en una zona de invierno severo el cálculo tiene que estar más fino. En buena parte de España, y desde luego en toda la franja costera, rinde de sobra casi todo el invierno. La conclusión práctica: la zona no la descarta, pero condiciona el dimensionado.

Qué mirar antes de gastarte varios miles de euros

La aerotermia es una inversión seria, así que antes de firmar conviene tener despejadas estas comprobaciones. Son las mismas que hace un buen instalador y las que te protegen de un presupuesto hecho a bulto:

  • Un estudio de carga térmica de verdad. Alguien que mida la demanda de calor de tu casa, no que te suelte la potencia por teléfono. Es la base de todo el dimensionado.
  • El estado de tus emisores. Si vas con radiadores existentes, que te digan por escrito cuáles valen y cuáles hay que cambiar. Es donde se decide si la instalación va a rendir.
  • Espacio para la unidad exterior y el acumulador. La bomba de calor necesita una unidad fuera con aire libre y, dentro, sitio para el depósito de agua caliente. No es poco volumen: mejor saberlo antes.
  • La potencia eléctrica contratada. Al electrificar la calefacción sube la demanda eléctrica; a veces hay que revisar la potencia contratada del contador.
  • Un presupuesto detallado. Equipo (marca, modelo y potencia), acumulador, emisores, obra y puesta en marcha, cada cosa con su precio. Un «aerotermia llave en mano: X €» sin desglose no te deja comparar nada.
  • Que el instalador esté certificado en gases fluorados. La bomba de calor lleva un circuito de refrigerante, así que manipularla exige el carné de gases fluorados igual que un aire acondicionado. Es un requisito legal comprobable; lo desarrollamos en la guía de gases fluorados y por qué tu instalador tiene que estar certificado.

Y una recomendación de fondo: pide al menos dos estudios y compara no solo el precio, sino el rendimiento estacional que te prometen y con qué emisores lo calculan. Si quieres entender mejor qué gasta de verdad un sistema de climatización y cómo leer las etiquetas de eficiencia, te ayuda la guía de consumo del aire acondicionado.

Cuánto cuesta la aerotermia

Para que la comparación con la caldera sea justa, hay que poner cifras a la inversión. Estas horquillas son orientativas y de mercado, contrastadas con guías públicas de precios; el presupuesto real depende de tu vivienda y de los emisores:

  • Por metro cuadrado (sin suelo radiante): del orden de 65-80 € por m² de vivienda para calefacción, frío y agua caliente.
  • Piso de unos 100 m²: parte de 8.000 € para el conjunto de calefacción, frío y agua caliente.
  • Unifamiliar de unos 150 m²: entre 12.000 y 21.000 €, llegando a la parte alta cuando se incluye suelo radiante.
  • Solo para agua caliente sanitaria: mucho más contenido, 1.900-5.900 €, si de momento solo quieres sustituir el termo o la producción de agua caliente.

Comparado con una caldera, es una inversión de entrada claramente mayor. La lógica es que esa diferencia se recupera con el menor coste de uso a lo largo de los años y, si aprovechas alguna ayuda, antes. Pero conviene entrar con las cifras claras: la aerotermia no es «un poco más cara» que una caldera, es otra escala de inversión que se justifica por lo que ahorra y por lo que resuelve (también el frío del verano).

Las ayudas, con honestidad

Aquí es donde muchas webs meten cifras llamativas que caducan a los tres meses. No lo vamos a hacer. Sí suele haber ayudas para instalar aerotermia, porque encaja con los objetivos de eficiencia energética, y conviene que las tengas en el radar porque pueden rebajar la inversión de forma apreciable. Las vías habituales son tres:

  • Deducción en el IRPF por obras de mejora de la eficiencia energética de la vivienda.
  • Planes autonómicos de renovación de instalaciones de climatización, que varían mucho de una comunidad a otra.
  • Fondos europeos canalizados a través de programas nacionales y autonómicos.

El problema de dar importes es que cambian cada año y por comunidad, los requisitos se ajustan, y a veces el presupuesto de una convocatoria se agota a mitad de ejercicio. Publicar un número aquí sería darte una cifra probablemente equivocada para tu caso y tu momento. Así que lo decimos claro: confirma qué ayuda está viva en tu comunidad ese mes, no publicamos importes sin comprobarlos. Lo práctico es preguntar a tu instalador si tramita la ayuda —muchos lo hacen— y verificar la convocatoria vigente en tu comunidad autónoma antes de contratar, no después.

Con eso cierras la decisión con criterio: entiendes por qué la aerotermia ahorra, sabes en qué casos compensa, qué comprobar antes de firmar, cuánto cuesta y por dónde mirar las ayudas sin que te vendan una cifra de humo. Que el estudio fino, para tu casa concreta, lo haga un instalador que la vea.

¿Quieres saber si en tu casa compensa?

Dinos cómo calientas ahora (caldera de gas, gasóleo, radiadores o suelo radiante), los metros de la vivienda y tu municipio, y te ponemos en contacto con instaladores de aerotermia de tu zona que hacen el estudio antes de darte precio.

Preguntas sobre aerotermia frente a caldera de gas

¿La aerotermia sale más barata que el gas?

En uso, normalmente sí, porque no quema combustible: mueve calor. Por cada kWh de electricidad que consume entrega del orden de 3 o 4 de calor, mientras que una caldera, por buena que sea, nunca saca más calor que la energía del combustible que quema. La contrapartida es la inversión inicial, que es bastante más alta que la de una caldera. Compensa por el ahorro a lo largo de los años, no el primer día.

¿Funciona la aerotermia con mis radiadores de siempre?

Puede funcionar, pero hay que comprobarlo antes, no darlo por hecho. La aerotermia rinde al máximo cuando trabaja con agua a baja temperatura, y ahí el suelo radiante es su pareja ideal. Los radiadores clásicos están pensados para agua muy caliente; si son pequeños para la estancia, con agua templada no calentarán lo suficiente los días fríos. A veces valen tal cual, a veces hay que cambiar algunos por otros más grandes o de baja temperatura. Es justo lo que debe decir el estudio previo.

¿La aerotermia también da aire acondicionado en verano?

Sí. Es una bomba de calor reversible: en invierno calienta y en verano enfría, además de producir agua caliente todo el año. Si la combinas con suelo radiante-refrescante, con fancoils o con conductos, tienes frío y calor para toda la casa con una sola máquina. Es una de las razones por las que se plantea frente a una caldera, que solo calienta.

¿Hay ayudas para instalar aerotermia?

Suele haberlas —deducción en el IRPF por mejora de la eficiencia, planes autonómicos y fondos europeos—, pero cambian cada año y según la comunidad, y a veces se agota el presupuesto a mitad de ejercicio. Por eso no publicamos importes: darían una idea equivocada. Antes de contratar, confirma qué ayuda está viva en tu comunidad ese mes y si tu instalador la tramita.

¿La aerotermia sirve en zonas de mucho frío?

Sí, pero hay que dimensionarla contando con ello. En los días más fríos la bomba de calor pierde algo de rendimiento, y en zonas de invierno severo se calcula con ese margen, a veces con un pequeño apoyo. En la mayor parte de España, y desde luego en toda la costa, rinde de sobra casi todo el invierno. La clave es un buen estudio previo, no fiarse del folleto ni descartarla por tópicos.

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